La cultura en Escocia

El concepto de arte escocés suele asociarse a estereotipos como música de gaiteros, poesía incomprensible y cuadros románticos de paisajes de las Highlands. Sin embargo, los artistas escoceses han dado a la humanidad una riqueza de tesoros memorable: de las canciones y poemas de Robert Burns y las novelas de sir Walter Scott a la arquitectura de Charles Rennie Mackintosh.

Literatura escocesa

La literatura escocesa tiene una larga y prestigiosa historia, desde los makars (“poetas” en escocés) medievales hasta los actuales escritores policiacos como Val McDermid, Christopher Brookmyre, Louise Welsh e Ian Rankin.

Burns y Scott

La figura literaria escocesa más célebre es Robert Burns (1759-1796), cuyas obras han sido traducidas a numerosos idiomas y se conocen en todo el mundo. Escribía en lallans o escocés de las Lowlands; de hecho, su poesía resultó clave para conservar la lengua hasta la actualidad. Fue, además, un hombre del pueblo, muy dado a satirizar a las clases altas y a la Iglesia por su hipocresía. Aunque se le conoce más por el relato cómico Tam O’Shanter y por poner letra al himno Auld Lang Syne, sus poemas de corte más político –entre ellos Such A Parcel Of Rogues In A Nation (acerca de la Ley de Unión de 1707) y A Man’s A Man for a’ That (sobre las clases y la solidaridad)– revelan su inclinación socialista.

Hijo de un abogado de Edimburgo, sir Walter Scott (1771-1832) está considerado el mayor y más prolífico novelista escocés. Nació en Edimburgo y vivió en varios lugares de la New Town antes de trasladarse a su casa de campo en Abbotsford. Sus obras más tempranas fueron baladas rimadas como La dama del lago, y sus primeras novelas históricas (un género del cual fue precursor) las publicó desde el anonimato. Acuciado por las deudas, terminó escribiendo obsesivamente para saldarlas, pero siempre será recordado por clásicos como Waverley, El corazón de Midlothian, Ivanhoe, Rob Roy y El castillo peligroso.

Robert Louis Stevenson y Sherlock Holmes

Junto con Walter Scott, Robert Louis Stevenson (1850-1894) compite por el título de novelista escocés de mayor renombre. Nacido en el seno de una familia edimburguesa de famosos ingenieros de faros, estudió Derecho en la Universidad de Edimburgo, pero siempre persiguió la carrera de escritor. Pese a ser un viajero empedernido, su frágil salud lo llevó a instalarse en Samoa en 1889, donde recibió el cariño de los isleños, quienes le apodaron “Tusitala” (el cuentacuentos). Stevenson es conocido y adorado en todo el mundo por historias como Secuestrado, Catriona, La isla del tesoro, El señor de Ballantrae y El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930), creador de Sherlock Holmes, nació en Edimburgo y allí estudió Medicina. Para el personaje de Holmes encontró inspiración en uno de sus profesores, el cirujano Joseph Bell, quien había empleado sus conocimientos forenses y su capacidad de deducción en varios casos de asesinato en la capital escocesa.

De MacDiarmid a Muriel Spark

Considerado el mayor exponente de la poesía contemporánea escocesa, Hugh MacDiarmid (nacido Christopher Murray Grieve; 1892-1978) pasó su niñez en Dumfriesshire, pero se mudó a Edimburgo en 1908, donde estudió Magisterio y Periodismo, si bien pasaría la mayor parte de su vida en Montrose, las Shetland, Glasgow y Biggar. Su obra maestra es A Drunk Man Looks at the Thistle (Un borracho contempla el cardo), una suerte de monólogo de 2685 versos de resonancias joyceanas.

El poeta y escritor George Mackay Brown (1921-1996) nació en Stromness, en las islas Orcadas, donde pasó casi toda su vida. Aunque sus poemas y novelas están enraizadas en el archipiélago, su obra, como la de Burns, trasciende los límites locales y nacionales. Su novela más conocida es Greenvoe (1972), poética evocación de una comunidad de las Orcadas amenazada por la modernidad.

Muriel Spark (1918-2006) nació en Edimburgo y estudió en el instituto femenino James Gillespie High School, una experiencia que le proporcionó material para la que quizá sea su novela más conocida, La plenitud de la señorita Brodie, un audaz retrato del Edimburgo de la década de 1930.

Panorama contemporáneo

Los escritores escoceses actuales más conocidos son Iain Banks (1954-2013; La carretera de la muerte), Irvine Welsh (1961; Trainspotting), Janice Galloway (1955; El truco es seguir respirando) y Ali Smith (1962; Amor libre). Las sombrías realidades del Glasgow actual están vívidamente narradas en la colección de relatos cortos Not Not While the Giro, de James Kelman (1946), con cuya controvertida novela Era tarde, muy tarde obtuvo el Premio Booker en 1994.

La novela negra está encabezada por Val McDermid (1955) e Ian Rankin (1960). Las obras de la primera están protagonizadas por la detective privada Kate Brannigan y el psicólogo Tony Hill; El alambre en las venas se convirtió en una exitosa serie de televisión. Las del segundo, misterios siniestros y absorbentes, exploran el lado más oscuro de la capital escocesa de la mano del alcohólico e introspectivo detective John Rebus. Rankin cada vez goza de mayor reconocimiento internacional y sus libros se han traducido a 22 idiomas.

Música escocesa

Música tradicional

Escocia siempre ha presumido de una arraigada tradición folclórica. En las décadas de 1960 y 1970, Robin Hall y Jimmy MacGregor, los Corries y el talentoso Ewan McColl recorrieron los pubs y clubes del país de arriba abajo. Boys of the Lough, liderados por el violinista de las Shetland Aly Bain, fueron una de las primeras bandas profesionales en promover la música celta escocesa e irlandesa. Les siguieron la Battlefield Band, Alba, Capercaillie y otros.

Las canciones folclóricas escocesas que a menudo se oyen en pubs y ceilidhs (veladas de folclore tradicional escocés) se inspiran en la rica historia de Escocia. Muchas de ellas hacen referencia a los levantamientos jacobitas del s. XVIII y, en especial, al “Gentil príncipe Carlos” (p. ej, Hey Johnnie Cope, Skye Boat Song y Will Ye No Come Back Again), mientras que otras tratan de los covenanters y las Clearances de las Highlands.

En los últimos años se ha renovado el interés por la música tradicional, a menudo adaptada y modernizada. Bandas como Runrig han forjado un estilo propio de rock gaélico, al tiempo que Shooglenifty fusiona folclore escocés con todo tipo de música, desde rock indie hasta electrónica, de lo que resulta un híbrido que se ha etiquetado como acid croft.

Pero quizá las mejores versiones de canciones tradicionales sean las de Eddi Reader, que alcanzó el estrellato con la banda Fairground Attraction y su éxito Perfect (1988). Su álbum Eddi Reader Sings the Songs of Robert Burns (2003; reeditado con temas inéditos en el 2009) está considerado una de las mejores interpretaciones de las obras del poeta.

La gaita

Es uno de los instrumentos musicales más antiguos aún en uso. Aunque no se conciba una secuencia fílmica sobre Escocia sin el son de las gaitas, estas seguramente proceden de Oriente Medio; no se sabe cuándo llegaron al país, pero fue antes de la Edad Media.

La gaita tradicional de las Highlands consiste en una bolsa de piel que se sostiene bajo el brazo y se mantiene inflada al soplar por el soplete; para enviar el aire a través de los tubos, el gaitero ha de comprimir el odre con el antebrazo. Tres tubos, los bordones, mantienen constante una misma nota (una grave, dos tónicas) de fondo; con el cuarto, el puntero, se toca la melodía.

Tradicionalmente, los soldados de las Highlands se acompañaban en la batalla por los sones de las gaitas; las de esa región tienen la particularidad de ser el único instrumento musical del mundo clasificado como un arma. En 1747, el Gobierno británico ilegalizó tocar la gaita –so pena de muerte– en virtud de un plan para suprimir la cultura de las Highlands tras el alzamiento jacobita de 1745. Volvieron a utilizarse cuando los regimientos de las Highlands fueron llamados a filas por el Ejército británico hacia finales del s. XVIII.

La música de gaita tal vez no sea del gusto de todo el mundo, pero es innegable que el instrumento escocés por antonomasia se ha reinventado gracias a bandas como Red Hot Chilli Pipers (https://rhcp.scot), que utilizan gaitas, guitarras, percusión y teclados para interpretar versiones rock de temas tradicionales, y suelen actuar por todo el país.

"Ceilidhs"

La palabra gaélica ceilidh significa “visita” y originalmente consistía en un encuentro social en una casa después de un día de trabajo, amenizado con la narración de historias y música. En su sentido actual, se trata de una fiesta con música y danza tradicionales. Para asistir a una, lo mejor es consultar el tablón de anuncios local o preguntar en un pub; los visitantes son siempre bien recibidos.

"Rock" y pop

Haría falta una guía entera para enumerar todas las bandas y artistas escoceses que han tenido repercusión mundial en la historia del rock y el pop. Desde clásicos de Glasgow como King of Skiffle y Lonnie Donegan, en la década de 1950, hasta el actual DJ Calvin Harris, oriundo de Dumfries y habitual en las listas de éxitos, la nómina es impresionante, por lo que solo cabe hacer un breve repaso.

La década de 1990 presenció el ascenso de los tres mejores grupos de la historia de la música escocesa, según una votación realizada en el 2005: la melódica banda pop Belle and Sebastian; Travis, con su clásico rock británico; y los roqueros indie Idlewild, teloneros de los Rolling Stones en su gira del 2003. Entre los artistas escoceses de mayor repercusión internacional en los últimos tiempos están Biffy Clyro, roqueros de Ayrshire; el grupo de rock indie Frightened Rabbit; Chvrches, banda de synthpop de Glasgow; y el trío edimburgués de hip-hop Young Fathers.

Las ondas están desbordadas de cantautoras, pero pocas presumen del arrojo y la versatilidad de la artista edimburguesa KT Tunstall, que pese a llevar componiendo y actuando desde finales de los años noventa, no se dio a conocer al gran público más amplio hasta el 2005, cuando lanzó su álbum Eye to the Telescope. Destacan también Amy Macdonald, de Glasgow, que con 20 años vendió tres millones de copias de su álbum This is the Life (2007); y Karine Polwart, que combina en sus canciones influencias folk con temas actuales.

En el apartado masculino, contados artistas gozan de mayor popularidad que los gemelos Craig y Charlie Reid, más conocidos como The Proclaimers. Nueve álbumes de estudio (1987-2012) proporcionan copioso material para la exitosa película basada en su música, Amanece en Edimburgo (2013); su décimo álbum, Let’s Hear It For The Dogs (2015), alcanzó el puesto no 26 en la lista de los más vendidos del Reino Unido.

Pintura

El cuadro escocés más famoso quizá sea El reverendo Robert Walker patinando en el lago Duddingston, de Henry Raeburn (1756-1823), expuesto en la National Gallery of Scotland. Esta imagen de un pastor presbiteriano deslizándose bajo Arthur’s Seat con la elegancia de una bailarina y un atisbo de sonrisa en el semblante, es un símbolo del Edimburgo de la Ilustración y el triunfo de la razón sobre la naturaleza. No obstante, recientes investigaciones sugieren que quizá no sea obra de Raeburn sino del francés Henri-Pierre Danloux.

El retrato alcanzó su cénit durante la Ilustración escocesa, en la segunda mitad del s. XVIII, con los óleos de Raeburn y Allan Ramsay (1713-1784), mientras que sir David Wilkie (1785-1841), cuyas pinturas costumbristas ilustraron la vida rural en las Highlands, fue uno de los artistas más prominentes del s. XIX.

A principios del s. XX, los pintores escoceses más renombrados fuera del país integraban el grupo conocido como los “coloristas escoceses” –S. J. Peploe (1871-1935), Francis Cadell (1883-1937), Leslie Hunter (1877-1931) y J. D. Fergusson (1874-1961)– cuyo llamativo estilo bebía del fauvismo y el posimpresionismo francés. Peploe y Cadell, muy activos en las décadas de 1920 y 1930, pasaron varios veranos pintando en la isla de Iona, y sus preciosos paisajes hoy aparecen reproducidos en muchas láminas.

Cine en Escocia

John Grierson (1898-1972), nacido en Perthshire, es reconocido mundialmente como el padre del documental. Su legado incluye el clásico Pescadores a la deriva (1929) sobre la pesca del arenque en Escocia; y el oscarizado corto Seawards the Great Ships (1961) sobre los astilleros del Clyde. El escritor y director Bill Forsyth (1946) se consagró con Un tipo genial (1983), una comedia ligera sobre un magnate del petróleo seducido por la belleza de las Highlands, y La chica de Gregory (1980), que cuenta las hazañas amorosas de un adolescente patoso.

En la década de 1990, el equipo de director-productor-escritor formado por Danny Boyle (inglés), Andrew Macdonald y John Hodge (escoceses) –que escribió los guiones de Tumba abierta (1994), Trainspotting (1996) y Una historia diferente (1997)– marcó el inicio de lo que podría describirse como industría cinematográfica escocesa autóctona; en el 2017 se estrenó la secuela T2: Trainspotting.

Otros talentos escoceses son Kevin Macdonald, director de Tocando el vacío (2003), La sombra del poder (2009) y la serie de televisión 11.22.63 (2016) basada en el libro de Stephen King; y Lynne Ramsay, que dirigió Morvern Callar (2002), la nominada a los premios BAFTA Tenemos que hablar de Kevin (2011), y En realidad, nunca estuviste aquí (2017), que ganó el premio al Mejor Guión en Cannes.

Arquitectura en Escocia

Los arquitectos escoceses punteros del s. XVIII fueron William Adam (1684-1748) y su hijo Robert Adam (1728-1792), cuyo historicismo de las formas clásicas griegas y romanas influyó en constructores de toda Europa. Entre los muchos edificios neoclásicos que proyectaron destacan Hopetoun House, el castillo de Culzean y Charlotte Sq, en Edimburgo, que es quizá el mejor ejemplo de arquitectura georgiana.

Alexander Thomson el Griego (1817-1875) cambió el perfil decimonónico de Glasgow con sus diseños neoclásicos, mientras que en Edimburgo, William Henry Playfair (1790-1857) continuó la tradición de Adam en los templos griegos del Monumento Nacional de Calton Hill, la Royal Scottish Academy y la National Gallery of Scotland.

En el s. XIX, el interés renovado por la historia y la identidad escocesas, encabezado por escritores como Walter Scott, sirvió para que los arquitectos dirigieran la mirada en busca de inspiración hacia los torreones y gabletes escalonados de los antiguos castillos. El resurgimiento victoriano del estilo señorial escocés, que hunde sus orígenes en edificios del s. XVI como Craigievar Castle, produjo residencias notables, caso del castillo de Balmoral, el palacio de Scone y Abbotsford.

El arquitecto y diseñador escocés más conocido del s. XX fue Charles Rennie Mackintosh (1868-1928), uno de los exponentes más influyentes del art nouveau. Su máxima expresión arquitectónica es la Glasgow School of Art (1896), que aún resulta moderna pese a llevar más de un siglo en pie.

Deporte

Los deportes apasionan a muchos escoceses, que siguen muy de cerca el fútbol o el rugbi, los más populares, y se sienten identificados con los equipos o personajes locales. También son muy aficionados al shinty (similar al hockey sobre hierba), el curling y el golf; los escoceses afirman haber inventado los dos últimos.

Fútbol

En Escocia, adquiere tintes pasionales propios de una religión. Sus miles de seguidores fieles acuden a rendir culto a sus equipos los miércoles y fines de semana durante toda la temporada (ago-may). Los ritos sagrados incluyen permanecer de pie con las gélidas temperaturas de un día de febrero, beber Bovril caliente y engullir empanadas escocesas mientras ven jugar a su equipo.

Los 12 mejores clubes escoceses juegan en la Premiership de Escocia (www.spfl.co.uk), competición dominada por el Glasgow Rangers y el Celtic de Glasgow. En solo 18 ocasiones desde 1890 se ha alzado con el título otro club, la última en 1985, cuando el Aberdeen ganó la liga.

Rugbi

Tradicionalmente, el fútbol se consideraba el deporte de la clase obrera escocesa, mientras que el rugbi (www.scottishrugby.org) era patrimonio de los universitarios de clase media y los granjeros de las Borders. Aunque esta distinción empieza a desaparecer –la popularidad del rugbi se disparó tras la celebración de la Copa del Mundo de 1999 en el Reino Unido, y la clase media ha invadido las gradas de los estadios–, hasta cierto punto continúa.

Cada año, de enero a marzo, Escocia participa en el Torneo de las Seis Naciones. El enfrentamiento más importante es el siempre emotivo partido contra Inglaterra por la Copa Calcuta; desde el 2006, Escocia ha logrado dos victorias y un empate.

Para los clubes, la temporada va de septiembre a mayo y entre los mejores equipos se sitúan los de las Borders, como Hawick, Kelso y Melrose. Al final, juegan una competición de rugbi a siete que difiere del formato habitual de 15 jugadores por equipo.

Golf

Escocia es la cuna del golf, un deporte que debió inventarse aquí en el s. XII y cuyo vestigio más antiguo (datado en 1456) procede de Bruntsfield Links, en Edimburgo.

Hoy, Escocia cuenta con más de 550 campos y es el país con la mayor concentración per cápita del mundo (véase www.scottishgolfcourses.com). Aquí es un deporte sumamente popular y mucho más igualitario que en otros países, con infinidad de campos públicos asequibles. También hay campos en los que se disputan campeonatos de fama mundial, como los de Muirfield en East Lothian; Turnberry y Troon en Ayrshire; Carnoustie en Angus; y el St Andrews’ Old Course en Fife.

Juegos de las Highlands

Tienen lugar en verano, pero no solo en las Highlands. Para estar al tanto de las fechas de las diferentes competiciones celebradas por todo el país, consúltese la web de la Scottish Highland Games Association (www.shga.co.uk).

Las pruebas tradicionales se completan con concursos de gaiteros y danza, y atraen tanto a turistas como a autóctonos. Varias de ellas son muy escocesas, en especial las que implican demostraciones de fuerza, como el lanzamiento de tronco (elevándolo en el aire), martillo o piedra. Los juegos más multitudinarios son los de Dunoon, Oban y Braemar.

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