8 increíbles piscinas oceánicas para darse un chapuzón

Texto por
Emily Matchar, autora de Lonely Planet
Piscina oceánica, Bondi Icebergs Pool, Sídney, Australia
Siripong Kaewla-iad / Getty Images

Maravillosas piscinas oceánicas del mundo

A veces apetece disfrutar de la sensación de zambullirse en el océano, entre las olas que rompen, conscientes de la inmensa profundidad que nos rodea. Otras veces apetece darse un chapuzón más ‘contenido’, es decir, disfrutar de la misma experiencia elemental pero con el lujo de hacer pie (e incluso darse una buena ducha caliente después): y aquí entran en escena las piscinas oceánicas.

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Las piscinas oceánicas, tanto si son naturales, en grutas de roca, como si son artificiales y están hechas de hormigón y azulejos, ofrecen lo mejor de los dos mundos: aguas seguras y plácidas con infinitas vistas al cielo y al océano. Si se va en busca de una experiencia marina alternativa, o de un paso intermedio en la transición entre la piscina tradicional y ‘el gran azul’, estos 8 oasis acuáticos pueden ser una opción interesante.

 

1. Grotto della Poesia, Salento, Italia

Piscina oceánica: Grotto della Poesia, Salento, Italia

Descubrir poesía en movimiento en la Grotta della Poesia, Salento, Italia © Dziurek / Shutterstock

 

Su nombre significa “gruta de la poesía”, y es una poza natural de 30 m digna de una oda. Invita a saltar desde las rocas calizas, zambullirse en sus aguas cerúleas y frescas, y pasar nadando bajo un arco hacia el mar Adriático. Si se visita a principios del verano se evitan las multitudes; el resto del año la única compañía que tendrá el bañista será la de las aves marinas (y la de algún que otro bañista ruso resistente al agua fría).

Cerca de la poza hay varios yacimientos arqueológicos, incluida la Grotto della Poesia Piccola (“pequeña gruta de la poesía”), cuyos muros están llenos de inscripciones antiguas. La gruta se halla en el flanco este de la península de Salento (también conocida como “la bota”). 

 

2. Queen’s Baths, Eleuthera, Bahamas

Piscina oceánica: Queen's Baths, Eleuthera, Bahamas

Dos mundos oceánicos coinciden en el Glass Window Bridge, en Eleuthera, Bahamas © BlueOrange Studio / Shutterstock

 

Subiendo la ladera rocosa de esta apacible isla de las Bahamas se encuentra un conjunto de pozas poco profundas calentadas por el sol y localmente conocidas como Queen’s Baths (Los baños de la reina) o –menos glamurosamente– ‘hot tubs’ (bañeras calientes). Se pueden visitar con marea baja o media marea y pasarse un par de horas chapoteando y buscando conchas.

A tan solo 800 m de allí se halla el famoso Glass Window Bridge, un punto en el cual la isla se afina tanto que, desde el acantilado, se ve el marcado contraste entre las agitadas aguas del Atlántico, a mano derecha, y las mansas aguas de color verde azulado del mar Caribe, a mano izquierda.

 

3. Tunnels Beaches, Devon, Inglaterra

Piscinas oceánicas: Tunnel Beaches, Devon, Inglaterra

Para imitar a los victorianos y ‘tomar las aguas’ Tunnels Beaches, Devon, Inglaterra © Eugene Ivanoff / Shutterstock

 

Atravesando una serie de túneles oscuros entre acantilados, excavados a mano por mineros galeses a principios del s. XIX, se llega a estas playas ocultas. En la llamada ladies beach (“playa de las damas”, aunque hace ya más de 100 años que es una playa mixta), se forma una poza de marea tres horas antes y después de la marea baja. El muro de la piscina lo construyeron los mismos mineros con bloques de piedra y mortero de cal.

En el cénit de la época victoriana, las damas ‘tomaban las aguas’ en esta playa a bordo de carruajes de baño privados, tirados por caballos, que se adentraban en el agua para mayor recato de las señoras. Antes de aquello los acantilados marinos, llenos de recovecos, eran territorio de contrabandistas y fugitivos. Que nadie espere encontrar arena blanca y fina, estas son las típicas playas inglesas: con guijarros, resbaladizas, frías y deliciosas.


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4. To Sua Ocean Trench, isla de Upolu, Samoa

Piscina oceánica: To Sua Ocean Trench, Samoa

To Sua Ocean Trench parece un escenario fantástico de la película Avatar, solo que ¡es real!, Bahamas © Michael Byrne / Getty Images

 

Vista desde arriba, esta poza de color esmeralda parece el ojo de un pájaro gigante que parpadea entre el paisaje de lava de la isla de Upolu, en Samoa. Con 30 m de profundidad, es accesible por medio de una larguísima e intimidante escalera de mano, aunque los más intrépidos (o los más inconscientes) simplemente saltan. El agua es tan cristalina que se puede ver cómo nadan los peces.

La poza se nutre por un túnel de lava submarino que llega hasta el Pacífico Sur; los buceadores más expertos pueden cruzarlo, pero los nadadores, incluso los más expertos, deben tener cuidado con la resaca. El borde de la poza está repleto de follaje de la jungla, que se extiende hasta unos cuidados jardines costeros con zonas de pícnic y una pequeña playa un poco más allá.

 

5. Bondi Icebergs Pool, Sídney, Australia

Piscina oceánica: Bondi Icebergs Pool, Sídney, Australia

La famosa Bondi Icebergs Pool de Sídney es una habitual de Instagram, Australia © MikeGR / Shuttesrtock

 

Construida en los acantilados sobre el agitado mar de Tasmania, los ‘Bondi Baths’, en la linde de la playa más famosa de Sídney, han sido emblemáticos durante más de un siglo. Allí todo el mundo es bienvenido para darse un baño en la piscina grande o en la infantil que hay al lado, pero para convertirse en miembro del club invernal de natación Bondi Icebergs hay que comprometerse a nadar tres domingos de cada cuatro durante los meses más fríos ¡por cinco años!

Como las piscinas son de hormigón, el agua es más fría que la del mar y cuando hace mal tiempo, alguna ola descarriada puede aporrear a algún bañista. No hay nada como un buen baño, ¿verdad?


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6. Piscinas das Marés, cerca de Oporto, Portugal

Piscina oceánica: Piscina das Máres, Matosinhos, cerca de Oporto, Portugal

Las Piscinas das Marés son obra de Álvaro Siza Vieira, el arquitecto contemporáneo más venerado de Portugal © relativeadv /  Shutterstock

 

¿A quién le apetece sumergirse en un monumento nacional? La pregunta no es en sentido figurado: es posible zambullirse en las dos piscinas de agua salada de las Piscinas das Marés, construidas en la década de 1960 en las rocas de la playa de Leça da Palmeira, en Matosinhos, un pueblo pesquero al norte de Oporto, por el famoso arquitecto portugués Álvaro Siza Vieira.

Pero el contacto con el maestro no termina aquí, porque tras darse un buen chapuzón para abrir el apetito, es buena idea seguir la costa rumbo al norte hasta su Boa Nova Tea House, un interesante restaurante con estrella Michelin y vistas envolventes del vaporoso Atlántico.


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7. Porto de Galinhas, cerca de Recife, Brasil

Piscina oceánica: Porto de Galinhas, Brasil

Vista aérea de las ensenadas próximas a la playa Porto de Galinhas, en Brasil © AdrianoAqunio / Getty Images

 

En un país tan sumamente rico en playas, Porto de Galinhas, al sur de la palpitante Recife, todavía consigue destacar gracias a su conjunto de ensenadas turquesas y aguamarinas, situadas a un corto trayecto en barco desde la playa de fina arena blanca.

Los pescadores transportan visitantes hasta estas piscinas naturales formadas entre la playa y el arrecife que la resguarda –y dignas de Instagram– en las características jangadas (pequeños veleros) de vela triangular por 25 BRL por persona. Para probar algo más trepidante se puede ir al sur a disfrutar del windsurf y el kitesurf en la ventosa Pontal de Maracaípe.


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8. Sea Point Pavilion, Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Piscina oceánica: Sea Point Pavilion, Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Piscinas para toda la familia y vistas al mar en Ciudad del Cabo, Sudáfrica © HiltonT / Shutterstock

 

Frente al frío Atlántico, en la linde de la zona suburbana de Ciudad del Cabo, Sea Point Pavilion es como una fiesta de piscina ruidosa y llamativa que dura todo el verano. Tiene piscina de natación, piscina de saltos y dos piscinas infantiles, todas ellas de agua salada, y algunas se nutren directamente del océano, que está ahí al lado.

Para secarse es buena idea tumbarse en el césped y disfrutar de un pícnic y un refresco bien frío de uno de los puestos del parque, contemplando las nubes que flotan sobre el pico de Cabeza de León, en el Parque Nacional Montaña de la Mesa. Cuesta imaginar una piscina pública más panorámica que esta en cualquier hemisferio… ¡y no hay tiburones!

 

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